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21 de mayo de 2025 a las 04:00

Ex de Octavio Ocaña: ¡Violencia y robo!

La historia de Ana Lucía Ocaña, madre del fallecido actor Octavio Ocaña, ha conmovido a la opinión pública. En una reveladora entrevista, ha destapado años de presunto maltrato y violencia por parte de su esposo, del cual se encuentra en proceso de divorcio. Un proceso, por cierto, que se ha tornado aún más complejo desde que decidió hacer pública su situación.

Según relata Ana Lucía, la infidelidad de su marido fue el detonante de una serie de eventos desafortunados. El abandono del hogar para irse con otra mujer a Tabasco fue solo el principio. Asegura que su esposo regresaba esporádicamente, no solo para tejer una red de mentiras sobre su nueva vida, sino también para, presuntamente, sustraer bienes de la casa familiar. "Cuando me iba, me pedía que no cerrara bien, que no pusiera candados", relata con pesar. "Y en mi ausencia, se llevaba ropa, aires acondicionados, hasta la casita del perro… todo lo que podía." Confiesa que, confiada por la boda de su hija y enfocada en acompañarla en los preparativos, bajó la guardia, lo que su esposo aprovechó para, según su testimonio, vaciar la casa.

Pero el presunto robo material no es lo más grave de su denuncia. Ana Lucía describe episodios de violencia física que se remontan a los inicios de su matrimonio. Recuerda una ocasión en particular, antes del nacimiento de sus hijos, donde afirma haber recibido una golpiza tan brutal que casi le cuesta un ojo. En aquel entonces, por temor o por proteger a su agresor, mintió a su familia, inventando un asalto para justificar sus heridas. Su suegro, testigo de la violencia, le aconsejó que lo abandonara, previendo un desenlace fatal.

La hermana de Octavio, Bertha Ocaña, corrobora el testimonio de su madre. Criada en un ambiente donde la violencia, según describe, era moneda corriente, normalizó los gritos, las amenazas y los golpes. "Crecimos pensando que era normal", confiesa Bertha. Ahora, de adulta, reconoce el profundo daño que esta situación les causó. Hablar públicamente del tema le resulta doloroso, especialmente por tratarse de su padre, pero siente la necesidad de romper el silencio y visibilizar la violencia que, asegura, sufrieron durante años.

Tanto Ana Lucía como Bertha aclaran que su intención no es que su esposo/padre regrese a la familia. Él, dicen, ya eligió otra vida. Su único objetivo es que asuma sus responsabilidades económicas con Ana Lucía, algo que, según afirman, ha dejado de hacer. Buscan justicia y, sobre todo, que su historia sirva para concientizar sobre la violencia doméstica y animar a otras mujeres a romper el silencio. Un silencio que, como bien saben, puede tener consecuencias devastadoras. Su valentía al hablar abre un espacio de reflexión sobre una problemática que, lamentablemente, sigue afectando a miles de familias.

Fuente: El Heraldo de México