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21 de mayo de 2025 a las 09:30

Descubre la libertad con Silvia H. González

Un silencio metálico se cierne sobre los patios del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos en Puebla. Es el silencio de la ausencia, el que deja la partida de una artista que supo capturar el alma del acero y el vapor, la melancolía de las máquinas olvidadas y la poesía del movimiento perpetuo: Silvia H. González, o como la memoria a veces susurra, Silvia Halphen Foa. Su reciente fallecimiento, el 28 de enero de 2025, nos ha tomado desprevenidos, dejándonos con la sensación de una historia inconclusa, un viaje interrumpido a mitad de camino. "Nos supo a poco", como dirían en el sur del continente, su vida vibrante y su arte, un legado que hoy resuena con más fuerza en las paredes de este museo.

Recordamos sus exposiciones, "La Rielera" en 2002, con esos óleos y dibujos que donaría años después, un gesto de generosidad que refleja la profunda conexión que la artista estableció con este espacio. Y "Trayectos", en 2017, una muestra de sus últimos hallazgos, una ventana a un mundo donde el realismo y la abstracción se fundían en una danza de luz y color. Algunos la llamaban realismo metafórico, otros lirismo abstracto, pero lo cierto es que la obra de Silvia H. González escapa a las etiquetas, se resiste a ser encasillada. Su técnica, una acumulación de capas pictóricas, una densidad que emana desde el interior del lienzo, es un testimonio de su maestría, de su capacidad para construir espacios y atmósferas con una precisión casi quirúrgica.

Bajo la experta mirada de Teresa Márquez, el museo se convierte en el guardián de esta obra, un tesoro que nos permite asomarnos a la disección, casi a la autopsia, del ferrocarril. Un ferrocarril ofrendado a los dioses del olvido, un sacrificio ritual que Silvia supo plasmar con una poética del dolor y la ausencia. Porque somos eso, al final del día: somos la memoria de lo perdido, la nostalgia de lo que ya no está. Somos los sueños que se desvanecen, los viajes interrumpidos, el silencio que se impone tras el rugir de la locomotora.

Ildefonso Acevedo, con su lente melancólica, ya había documentado esta devastación en "Los olvidados. Poética de los Ferrocarriles". Pero la obra de Silvia va más allá del registro documental. Ella no solo retrata la decadencia del metal, sino que captura la esencia misma del olvido, la tristeza que se esconde en los rincones abandonados, la belleza que persiste incluso en la ruina. Su arte es un espejo que nos refleja nuestra propia fragilidad, nuestra propia nostalgia por un tiempo que ya no volverá.

Y es que Silvia H. González fue una artista completa, capaz de transitar por diferentes temáticas con una naturalidad asombrosa. Desde la "Antología, óleos sobre madera" en Bellas Artes, hasta "Nuevos Giros" en Casa Lamm, pasando por "Moldes" y "Piedras" en la Galería Metropolitana, su obra revela una constante búsqueda, una exploración incansable de las texturas, los colores, las formas. La construcción del espacio pictórico, el tratamiento de las temáticas, la expresión de las intenciones iconográficas… todo en su arte respira una intensidad poética, sutil, evanescente, sofisticada y sensual. Una oda a la libertad, un canto a la belleza que se esconde en los lugares más inesperados. El silencio que reina hoy en el museo es, en realidad, un eco. El eco de una voz que seguirá resonando en cada pincelada, en cada capa de color, en cada máquina olvidada que vuelve a la vida gracias a la magia de su arte.

Fuente: El Heraldo de México