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20 de mayo de 2025 a las 06:00

Tragedia en el Cuauhtémoc: Marinos fallecen en Veracruz

La tragedia que enlutó a la Secretaría de Marina-Armada de México ha conmovido a todo el país. La llegada de los cuerpos de los cadetes América Yamilet Sánchez y Adal Jair Marcos a Veracruz ha sido un momento desgarrador, cargado de solemnidad y respeto. El silencio que acompañó el cortejo fúnebre desde la Base Naval de Las Bajadas hasta la Escuela Naval Militar de Antón Lizardo hablaba por sí solo, expresando el profundo dolor por la pérdida de dos jóvenes promesas. Imaginen la escena: la noche veracruzana, usualmente llena de vida y bullicio, se tornaba sombría, iluminada únicamente por las luces de las carrozas y la escolta naval. Un último viaje para estos jóvenes que entregaron su vida al servicio de la patria.

En Xalapa, el hogar de América Yamilet se convertía en un santuario de recuerdos y añoranza. Familiares y amigos, con el corazón encogido, preparaban un altar para recibir a su hija, a su amiga, a la joven que irradiaba alegría y dedicación. Las anécdotas compartidas, las risas recordadas, se mezclaban con lágrimas de incredulidad. Su padre, Herminio Cosme, con la voz entrecortada por la emoción, recordaba con orgullo a su hija, describiendo su pasión por la vida, su compromiso con los demás. América, más allá de su formación naval, era una joven comprometida con su comunidad. Dedicaba su tiempo libre a compartir sus conocimientos, impartiendo clases de zumba y apoyando a niños con dificultades escolares. Una muestra de su generosidad y su espíritu altruista.

La imagen de América como una talentosa nadadora, conquistando medallas desde los ocho años y formando parte del equipo Veracruz Norte del IMSS, añade otra dimensión a su personalidad. Una joven llena de energía, disciplinada y perseverante, que soñaba con servir a su país desde el mar.

El homenaje póstumo en la Escuela Naval Militar, a puerta cerrada, representó el último adiós de sus compañeros y superiores. Un reconocimiento a su entrega y sacrificio, un momento de reflexión sobre la fragilidad de la vida y la importancia del deber.

La noche avanzaba y el cuerpo de América emprendía su último viaje hacia Xalapa. En el panteón de Bosques del Recuerdo, la espera se hacía eterna. Familiares, amigos y una comunidad conmovida se preparaban para darle el último adiós. El dolor de la pérdida es inmenso, pero el recuerdo de América Yamilet, su sonrisa, su dedicación y su valentía, permanecerán vivos en el corazón de quienes la conocieron. Su legado de servicio y compromiso inspirará a las futuras generaciones de cadetes navales. Una estrella que se apagó demasiado pronto, pero cuyo brillo seguirá iluminando el camino de muchos. El mar, testigo silencioso de su pasión, guardará por siempre su memoria.

Fuente: El Heraldo de México