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20 de mayo de 2025 a las 22:40
Santuario en peligro: Animales de Culiacán se mudan a Mazatlán.
La sombra de la violencia que se cierne sobre Culiacán, Sinaloa, ha alcanzado incluso a los más vulnerables: los animales rescatados del santuario Ostok. En un acto de valentía y responsabilidad, la organización ha tomado la difícil decisión de trasladar a más de 700 animales a un nuevo hogar en Mazatlán, Bioparc El Encanto. Este éxodo forzado, lejos de ser una derrota, se convierte en un símbolo de resistencia ante la adversidad. Leones, tigres, jaguares, antílopes, primates y aves exóticas, todos ellos bajo el cuidado de Ostok, emprenden un viaje hacia la esperanza, alejándose del peligro que acecha en las calles de Culiacán.
No se trata simplemente de un cambio de ubicación, sino de una lucha por la supervivencia. Ernesto Zazueta Zazueta, presidente de Ostok Sanctuary, relata con pesar cómo la escalada de violencia ha dificultado la labor de los cuidadores y veterinarios, quienes arriesgaban su propia seguridad para alimentar y atender a los animales. La ciudad, antaño un refugio para estas criaturas rescatadas, se ha transformado en un territorio hostil donde la vida pende de un hilo. El cierre de negocios, escuelas y centros de salud, consecuencia directa de la violencia, pinta un panorama desolador que ha obligado a tomar decisiones drásticas.
La generosidad de Bioparc El Encanto, un centro de turismo ecológico y sustentable en Mazatlán, abre una nueva puerta para estos animales. Allí, en un entorno seguro y propicio para su desarrollo, podrán continuar recibiendo los cuidados especializados que necesitan. Este traslado, más que una huida, es un acto de amor y dignidad, una declaración de que la violencia no tendrá la última palabra.
El operativo de traslado, minuciosamente planeado y ejecutado, cuenta con la supervisión constante de médicos veterinarios zootecnistas, garantizando el bienestar de cada uno de los animales durante el viaje. Es una tarea titánica, un testimonio del compromiso inquebrantable de Ostok Sanctuary con la protección de la fauna silvestre.
La historia de Ostok Sanctuary y sus animales nos recuerda que la violencia no discrimina, que sus tentáculos alcanzan incluso a aquellos que no pueden defenderse. Pero también nos demuestra que la solidaridad y la esperanza pueden florecer incluso en los terrenos más áridos. La decisión de trasladar a los animales a un lugar seguro es un llamado a la reflexión, una invitación a construir un país donde la paz y la convivencia sean la norma, no la excepción. Es un recordatorio de que la vida, en todas sus formas, merece ser protegida. El viaje de estos animales hacia Mazatlán es un viaje hacia un futuro mejor, un futuro donde la violencia no tenga cabida. Es un símbolo de resiliencia, un faro de esperanza en medio de la tormenta.
Fuente: El Heraldo de México