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20 de mayo de 2025 a las 09:35

Psicópatas y Narcisistas: ¿Víctima o victimario?

La brutalidad que se cuela por las pantallas, alcanzando incluso a los más pequeños a través de las redes sociales, es un reflejo escalofriante de la deshumanización que se extiende como una plaga. Presenciar un asesinato en tiempo real, como si fuera un espectáculo macabro, nos convierte en testigos mudos de una tragedia que debería sacudirnos hasta la médula. Es la metamorfosis kafkiana: nos transformamos en insectos indiferentes ante el sufrimiento ajeno, incapaces de conectar con la humanidad quebrada que se exhibe ante nuestros ojos.

Esta misma dinámica de violencia silenciosa se replica en el ámbito laboral. Despidos injustificados, marginación sistemática de empleados productivos, acusaciones difamatorias que destruyen carreras… La precariedad laboral y el abuso de poder se disfrazan de eficiencia y competitividad, perpetuando un ciclo de sufrimiento que corroe el tejido social. Incluso en la era de los derechos laborales, la realidad se impone con crudeza, recordándonos que la ley, a menudo, no es suficiente para protegernos de la perversidad humana.

¿Cuál es la raíz de esta problemática? En muchos casos, la respuesta se encuentra en la convivencia con personalidades narcisistas y psicópatas, camufladas tras la fachada de la normalidad. El psicólogo Vicente Garrido, experto en la materia, nos ofrece una radiografía escalofriante de estos individuos. El narcisista, ávido de adulación y presa de sus propias mentiras, prefiere rodearse de mediocridad para alimentar su ego. El psicópata, aún más peligroso, carece de los tres frenos morales que nos impiden caer en la barbarie: la conciencia, el miedo al castigo y la empatía. Su "policía interior" está ausente, no aprende de la experiencia y su necesidad de abuso lo convierte en un depredador social.

En entornos laborales tóxicos, estas personalidades prosperan, sembrando caos y alimentándose del sufrimiento ajeno. Mientras que un líder auténtico busca el equilibrio y el crecimiento compartido, el narcisista y el psicópata utilizan la responsabilidad como un arma para manipular y controlar. Su discurso grandilocuente esconde una profunda carencia de humanidad, una incapacidad para conectar con el otro en un nivel genuino. Cualquier intento de diálogo profundo se convierte en una trampa, una oportunidad para explotar vulnerabilidades y causar daño.

Lamentablemente, en la sociedad actual, este tipo de comportamiento se glorifica como sinónimo de éxito. La búsqueda desenfrenada del poder y el dinero se convierte en una justificación para la crueldad, dejando de lado la finalidad social del derecho laboral: equilibrar las relaciones de poder y garantizar el bienestar de todos los individuos.

Mientras no prioricemos la construcción de una sociedad más justa y humana, la erosión continuará, extendiéndose como una mancha de aceite hasta alcanzar los rincones más íntimos de nuestras vidas. Debemos estar alerta, cultivar la empatía y resistir la tentación de convertirnos en cómplices pasivos de esta violencia inaudita. El futuro de nuestra sociedad, y de nosotros mismos, depende de ello.

Fuente: El Heraldo de México