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20 de mayo de 2025 a las 04:35

Olivia Aguirre: Escuchando a Yucatán y Quintana Roo

La justicia, un concepto a menudo abstracto y distante para la ciudadanía, busca un nuevo rostro, una nueva voz. Olivia Aguirre Bonilla, candidata a ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), se ha propuesto romper esa barrera invisible que separa al pueblo del Poder Judicial. No con discursos grandilocuentes ni promesas vacías, sino con la fuerza de la escucha activa y el diálogo directo. Su recorrido por Yucatán y Quintana Roo, lejos de los reflectores y las grandes concentraciones, se ha centrado en el encuentro cara a cara con la gente, en las plazas públicas, en las universidades, incluso con grupos de jubilados. Aguirre Bonilla ha elegido el camino de la cercanía, convencida de que la verdadera renovación del sistema judicial mexicano reside en la comprensión profunda de las necesidades y perspectivas de quienes, en última instancia, son sus destinatarios.

En la Universidad Marista de Mérida, ante un auditorio atento de estudiantes y docentes, la candidata expuso su visión de una Suprema Corte más accesible y transparente, una institución que "se baje del pedestal" y se ponga al servicio de todos. Su mensaje resonó con fuerza entre los jóvenes, quienes ven en Aguirre Bonilla la posibilidad de un cambio real, una justicia que no se limite a impartir sentencias desde la distancia, sino que escuche y comprenda la realidad de las personas. Este compromiso con la escucha no se quedó en el ámbito académico. En un encuentro con maestras y maestros jubilados, Aguirre Bonilla reforzó la idea de una justicia inclusiva, que valore la experiencia y la sabiduría de quienes han dedicado su vida al servicio de la comunidad. Las y los docentes, con la vitalidad que les caracteriza, coincidieron en la necesidad de una figura joven, pero con la experiencia y sensibilidad social suficientes para llevar la voz de todos a la Suprema Corte.

La imagen de Olivia Aguirre Bonilla dialogando con la gente en las plazas públicas, tanto en Mérida como en Cancún, se ha convertido en un símbolo de su campaña. No se trata de un acto protocolario, sino de una genuina búsqueda de conexión con la ciudadanía. "¿Qué opinan de la justicia en México?", "¿Se sienten escuchados por los jueces?", son algunas de las preguntas que la candidata plantea a quienes se detienen a conversar con ella. Las respuestas, a menudo crudas y directas, pintan un panorama de un sistema judicial percibido como lejano e inaccesible. Muchos de los entrevistados confesaron que nadie, ni siquiera en el marco del proceso electoral, les había preguntado su opinión sobre el Poder Judicial. Este silencio, más que una omisión, se convierte en un síntoma de la desconexión existente entre la justicia y la ciudadanía.

La campaña de Olivia Aguirre Bonilla se define por su autenticidad. No busca el aplauso fácil ni la propaganda vacía. Se construye desde la base, desde el contacto directo con la gente, desde la escucha atenta a sus inquietudes y necesidades. En un sistema judicial a menudo criticado por su opacidad y elitismo, la candidata propone un cambio de paradigma: abrir las puertas de la Suprema Corte a la ciudadanía, convertirla en un espacio de diálogo y participación. "Escuchar no es un acto simbólico", afirma con convicción, "es una herramienta poderosa para construir una justicia que sirva, que entienda y que responda". La apuesta de Aguirre Bonilla es clara: transformar la justicia desde la escucha, desde la cercanía, desde la gente. Un camino que, sin duda, representa una bocanada de aire fresco en el panorama judicial mexicano.

Fuente: El Heraldo de México