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20 de mayo de 2025 a las 04:45
Nayarit en llamas: 7 mil hectáreas perdidas
La situación en Nayarit nos recuerda la fragilidad de nuestros ecosistemas frente al fuego. Más de 7,000 hectáreas consumidas por las llamas, una cifra que golpea y nos obliga a reflexionar sobre nuestras prácticas y la importancia de la prevención. Si bien las autoridades, con la Secretaría de Desarrollo Sustentable a la cabeza, trabajan incansablemente junto a CONAFOR, Protección Civil y la Comisión Forestal de Nayarit para controlar la situación, la realidad es que la batalla contra el fuego es una tarea de todos.
Imaginen la magnitud del desastre: 7,000 hectáreas. Es una superficie equivalente a más de 7,000 campos de fútbol, una extensión de tierra arrasada, donde la vida silvestre huye despavorida, donde el verde vibrante se convierte en ceniza gris, donde el aire se vuelve irrespirable. Y aunque se han logrado controlar algunos focos importantes, como el del cerro de San Juan y el basurero de El Iztete, la amenaza persiste, latente, en zonas como la sierra de San Juan, un tesoro natural que debemos proteger con uñas y dientes.
La colaboración entre las diferentes instituciones es crucial. La vigilancia constante, los rondines de inspección, la coordinación de esfuerzos, son piezas fundamentales para combatir el fuego. Sin embargo, no podemos dejar toda la responsabilidad en manos de las autoridades. Cada uno de nosotros tiene un papel que jugar.
El origen de muchos de estos incendios se encuentra en prácticas agrícolas poco responsables, como la quema descontrolada de cañaverales. Es comprensible que los agricultores busquen métodos eficientes para preparar sus tierras, pero la seguridad y el respeto por el medio ambiente deben ser prioritarios. La sequía y la falta de lluvias agravan la situación, convirtiendo cualquier chispa en un potencial infierno. Por ello, el llamado a la responsabilidad de los productores de caña es urgente e inaplazable. Esperar a que las condiciones climáticas sean favorables, evitar las quemas en días de viento, son medidas sencillas pero vitales para prevenir desastres.
Las consecuencias de estos incendios van más allá de la devastación ambiental. La calidad del aire en la capital nayarita se ha visto afectada, poniendo en riesgo la salud de la población. Imaginen a niños y ancianos, a personas con problemas respiratorios, sufriendo las consecuencias del humo. Es una llamada de atención para todos. Estar atentos a las recomendaciones de las autoridades, evitar hacer ejercicio al aire libre en zonas afectadas por el humo, son precauciones necesarias para proteger nuestra salud.
¿Qué podemos hacer para evitar futuras tragedias? La respuesta está en la prevención. Evitar las fogatas en zonas no autorizadas, apagar completamente las brasas y cerillas, no arrojar colillas de cigarro ni vidrios en áreas verdes, son medidas básicas que todos debemos adoptar. La educación ambiental es fundamental para concienciar a la población, tanto rural como urbana, sobre la importancia de proteger nuestros bosques.
Reportar cualquier indicio de humo o fuego a las autoridades es crucial para una respuesta rápida y eficaz. La colaboración ciudadana es clave. No podemos ser indiferentes ante la amenaza del fuego.
Prevenir los incendios forestales es una responsabilidad compartida. Entre todos podemos proteger nuestros bosques, nuestra salud y nuestro futuro. El llamado a la acción es ahora. No esperemos a que sea demasiado tarde.
Fuente: El Heraldo de México