20 de mayo de 2025 a las 14:30
Justicia para una Infancia Robada
La tragedia de Zoe, una niña indefensa arrebatada de este mundo de la manera más cruel imaginable, ha conmocionado a Argentina y reabierto heridas profundas en el sistema de protección infantil. La condena a cadena perpetua para Andrés Bustamante, un falso pastor que se escudaba tras la religión, y Gimena Julieta Córdoba, la madre de la pequeña, marca un hito en la lucha contra la violencia infantil, pero deja un sabor amargo por las oportunidades perdidas. La justicia ha hablado, determinando que ambos son culpables del homicidio de Zoe, quien sufrió un calvario de maltratos antes de ser brutalmente asesinada e incinerada. La frialdad de los condenados al escuchar el veredicto, sin una sola lágrima o gesto de arrepentimiento, refleja la monstruosidad de sus actos y la profunda perturbación que los llevó a cometer semejante atrocidad.
El juicio, que se extendió por más de un año, desentrañó una historia escalofriante de violencia doméstica, negligencia y manipulación. Las pruebas presentadas por la fiscalía, incluyendo los informes forenses que detallaron las múltiples fracturas que presentaba el cuerpo de Zoe, dejaron en evidencia la brutalidad a la que fue sometida la pequeña. La imagen de una niña de tan corta edad sufriendo a manos de quienes debían protegerla es desgarradora y nos obliga a reflexionar como sociedad. La pericia confirmó lo impensable: Zoe aún respiraba cuando su cuerpo fue envuelto en llamas, muriendo asfixiada por el humo en un acto de barbarie que desafía cualquier comprensión.
Más allá de la condena, el caso de Zoe pone en el ojo del huracán la ineficacia del sistema de protección infantil. Las siete denuncias previas presentadas por la familia paterna, advirtiendo sobre el peligro que corría la niña en manos de su madre, fueron ignoradas por las autoridades. La jueza Cabral, en una valiente declaración pública, cuestionó duramente el accionar de la Secretaría de la Mujer, Familia y Género de Chilecito, señalando su responsabilidad en la tragedia. ¿Cuántas Zoe más tendrán que morir antes de que se tomen medidas efectivas para proteger a los niños en situación de vulnerabilidad?
La historia de Zoe es también la historia de un padre que luchó incansablemente por reconocer a su hija, un derecho que le fue negado hasta después de su muerte. El desgarrador mensaje de Kevin en redes sociales, expresando su dolor y la paz que le brinda la justicia, refleja el amor incondicional de un padre y la profunda herida que deja la pérdida de un hijo. Sus palabras resuenan como un grito desesperado que exige un cambio, una transformación profunda en el sistema que permita proteger a los niños y evitar que tragedias como esta se repitan.
El caso de Zoe no debe quedar en el olvido. Debe servir como un llamado a la acción, una oportunidad para revisar las fallas del sistema y fortalecer las políticas de protección infantil. Es imperativo que las autoridades asuman su responsabilidad y garanticen que las denuncias de violencia sean investigadas a fondo y que los niños en riesgo sean protegidos de manera efectiva. La memoria de Zoe debe ser un recordatorio constante de la importancia de la prevención y la intervención temprana para evitar que más niños sean víctimas de la violencia. La sociedad argentina debe exigir justicia para Zoe y para todos los niños que sufren en silencio. No podemos permitir que la indiferencia y la ineficacia del sistema sigan cobrándose vidas inocentes.
Fuente: El Heraldo de México