20 de mayo de 2025 a las 23:20
Justicia para los hijos de Los Alegres
La polémica en torno a Los Alegres del Barranco continúa generando controversia y abriendo un debate sobre la libertad de expresión artística y sus límites. El caso, que inicialmente se centraba en la supuesta apología del delito a través de sus corridos, ahora ha tomado un giro dramático al exponer el impacto devastador que el proceso legal está teniendo en las familias de los músicos, especialmente en sus hijos.
Más allá de las imputaciones y las medidas cautelares impuestas –la prohibición de salir del estado, la fianza millonaria y la obligación de presentarse ante el juzgado–, la verdadera tragedia se vive en el seno de sus hogares. Los Alegres del Barranco, en una entrevista conmovedora concedida a Luis Chaparro en el canal Pie de Nota, revelaron el acoso y el "hate" que sus hijos sufren en la escuela. Niños inocentes, convertidos en víctimas colaterales de una batalla legal que les sobrepasa, se enfrentan a la incomprensión y la crueldad de sus compañeros. Imaginen la angustia de una niña de 12 años a la que le dicen que, por culpa de su padre, ya no se pueden cantar corridos. O el temor de un niño de 10 años que escucha decir que a su papá lo van a meter a la cárcel. Estas no son simples palabras, son dardos que hieren profundamente la infancia y dejan cicatrices emocionales que pueden perdurar por años.
La entrevista destapó una realidad desgarradora que va más allá de los escenarios y los micrófonos. Los músicos, visiblemente afectados, denunciaron la estigmatización que sufren no solo ellos, sino también sus familias, cerca de veinte familias que se ven arrastradas por el torbellino mediático y judicial. "No solo somos afectados nosotros como músicos, son familias, alrededor de 20 familias", declararon con impotencia.
La defensa de Los Alegres del Barranco se centra en la involuntariedad de la proyección de las imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", durante su concierto en el Auditorio Telmex. Aseguran que fue su productor, haciendo caso omiso a sus peticiones, quien dio la orden. Sin embargo, más allá de las responsabilidades individuales, el caso plantea interrogantes cruciales sobre la influencia del narcotráfico en la cultura popular y la delgada línea que separa la expresión artística de la glorificación del crimen.
¿Es lícito censurar la música que narra la realidad del narcotráfico, aunque esta sea cruda y violenta? ¿Dónde termina la libertad creativa y comienza la apología del delito? ¿Cómo proteger a las familias de los artistas que se ven envueltos en este tipo de controversias? Estas son preguntas complejas que exigen una reflexión profunda y un debate social responsable. El caso de Los Alegres del Barranco nos recuerda que, detrás de los titulares sensacionalistas y las acusaciones, hay vidas reales, familias que sufren y niños que pagan un precio injusto. Es imperativo que, al analizar este tipo de situaciones, se considere el impacto humano y se proteja la integridad de los más vulnerables. La justicia no debe ser ciega al dolor ajeno, especialmente cuando se trata de la inocencia de los niños.
Fuente: El Heraldo de México