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20 de mayo de 2025 a las 06:15

¡El taquero de Cruz Azul cumple su apuesta y desata la locura!

La escena era inusual, casi surrealista. El aroma a carne asada y cebolla se mezclaba con un aire de festividad un tanto peculiar. No era el olor a carnitas lo que sorprendía a los transeúntes en la calle Álvaro Obregón, en la colonia Melchor Ocampo, sino la figura de Juan "El Amigo", el taquero de la esquina, ataviado con un vestido floreado, despachando tacos con la misma destreza y alegría de siempre. La gorra blanca que usualmente coronaba su cabeza se mantenía firme, un contraste divertido con el estampado floral del vestido. Su camiseta del Cruz Azul, ahora doblada cuidadosamente, descansaba a un lado, un recordatorio silencioso de la apuesta perdida y la promesa cumplida.

La historia detrás de esta estampa inusual se remonta al último encuentro entre Cruz Azul y las Águilas del América. Ángela Terán, vecina y amiga de Juan, le había lanzado el reto: si ganaba la máquina cementera, ella se vestiría de payaso; si perdía, él tendría que atender su taquería con un vestido floreado. El resultado, como muchos recordarán, fue una dolorosa derrota para los azules, y Juan, fiel a su palabra, asumió las consecuencias con una sonrisa.

No hubo rastro de vergüenza o arrepentimiento en el rostro de "El Amigo". Al contrario, mientras servía los tacos, bromeaba con sus clientes, algunos incrédulos, otros muertos de risa. “Ni modo, así es el fútbol”, decía con resignación, “se gana y se pierde, pero el sabor de mis tacos sigue siendo el mismo”. Y es que Juan, más allá de la apuesta y el atuendo inusual, seguía siendo el mismo taquero de siempre, el que con su sazón y su carisma alegraba las tardes de la colonia.

La anécdota de Juan “El Amigo” se convirtió rápidamente en la comidilla del barrio. Vecinos y clientes habituales se acercaban a la taquería, no solo por el antojo de unos buenos tacos, sino también por la curiosidad de ver al taquero en vestido. Algunos americanistas, entre risas y burlas amigables, reconocían el valor de Juan por cumplir su apuesta. Los cruzazulinos, por su parte, encontraban un pequeño consuelo en el buen humor de su taquero, una muestra de que, a pesar de la derrota, el espíritu cementero seguía intacto.

La historia de Juan trasciende el simple hecho de una apuesta perdida. Habla de la pasión por el fútbol, de la camaradería entre vecinos, del humor como antídoto contra la adversidad. Es un recordatorio de que, en el fútbol como en la vida, hay que saber perder con dignidad y, por qué no, con un toque de estilo. Mientras los americanistas celebraban su pase a la final, los cruzazulinos, al menos, tenían una buena historia que contar, la del taquero que, con vestido y gorra, les recordaba que la verdadera afición va más allá del resultado. Y, quién sabe, quizás la imagen de Juan "El Amigo" con su vestido floreado se convierta en un amuleto para la máquina, un símbolo de la resiliencia y el buen humor que tanto necesitan para volver a la senda del triunfo. Al final, la derrota en la cancha se convirtió en una victoria para el espíritu, una lección de vida servida con un toque de salsa picante y una sonrisa genuina.

Fuente: El Heraldo de México