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20 de mayo de 2025 a las 21:40

El pan de tu infancia te espera.

El aroma a mantequilla y azúcar recién horneados te envuelve apenas pones un pie en la Pastelería Suiza. Es un olor que evoca recuerdos de la infancia, de tardes compartiendo un pan dulce con la familia, un olor que te transporta a un rincón de la Ciudad de México donde el tiempo parece haberse detenido. Fundada en 1942 por Jaime Bassegoda, un pastelero catalán que buscó refugio en México durante la Guerra Civil Española, esta pastelería es un verdadero tesoro culinario. Imagínate: huyendo de la guerra, llega a un país desconocido, y con las manos, con el saber hacer heredado de generaciones, construye un legado de sabor que perdura hasta nuestros días. Eso es la Pastelería Suiza.

La historia de este lugar es fascinante. Impulsado por su hermana Ana, quien ya residía en la capital, Jaime decidió abrir su propio negocio en la entonces floreciente colonia Condesa. En un local ubicado en un punto neurálgico del barrio, comenzó a hornear sus especialidades, cautivando rápidamente el paladar de los mexicanos con la magia de la pastelería europea. No era solo pan; era una muestra de resiliencia, una oda a la vida en medio de la adversidad. Era el sabor de un nuevo comienzo.

Hoy, a más de 70 años de su fundación, la Pastelería Suiza sigue siendo un referente en la ciudad. Aunque Don Jaime ya no está con nosotros, su legado continúa vivo gracias a las nuevas generaciones que han tomado las riendas del negocio, manteniendo viva la tradición y la calidad que lo caracterizan. Cada pan, cada pastel, es un homenaje a su fundador, un recordatorio de su pasión y dedicación.

¿Qué te espera al cruzar las puertas de la Pastelería Suiza? Un festín para los sentidos. Desde los clásicos panes dulces como las berlinesas rellenas de mermelada, que explotan en una sinfonía de sabores al primer mordisco, hasta la tarta de manzana, con su delicado equilibrio entre dulce y ácido, cada pieza es una obra de arte. No puedes dejar de probar el panqué, esponjoso y húmedo, o la irresistible tarta de nuez, con su textura crujiente y su aroma inconfundible. Y para los amantes del queso, el cubilete de queso es una experiencia obligada.

Pero la Pastelería Suiza no se limita al dulce. Su pan salado es igualmente excepcional. El pan de finas hierbas, con su aroma fresco y su textura suave, es perfecto para acompañar cualquier comida. El pan de leche, tierno y esponjoso, te transportará a tu infancia. Y los palitos de queso, crujientes y sabrosos, son ideales para una merienda o un tentempié.

Y si hablamos de especialidades, no podemos olvidar los pasteles de nata. Desde el clásico mil hojas con nata y fresas, una combinación perfecta de texturas y sabores, hasta el pastel de frutos rojos, con su explosión de color y frescura, cada opción es una delicia. Y para los más golosos, el tortell de nata es una verdadera tentación.

Para completar la experiencia, la Pastelería Suiza ofrece una amplia selección de chocolates en diferentes formas y tamaños, así como exquisitos bombones que te harán derretir de placer. Es un lugar donde puedes encontrar el regalo perfecto para cualquier ocasión, o simplemente darte un capricho.

¿Dónde encontrar este paraíso del sabor? La Pastelería Suiza cuenta con dos sucursales en la Ciudad de México. La original, ubicada en Parque España 7, en la Roma Norte, te espera con su ambiente clásico y acogedor. Y si te encuentras en Polanco, puedes visitar su segunda sucursal en Torcuato Tasso 323. No importa cuál elijas, la experiencia será inolvidable. Así que ya lo sabes, si buscas un lugar donde disfrutar de la auténtica pastelería europea en el corazón de México, la Pastelería Suiza es el destino perfecto.

Fuente: El Heraldo de México