20 de mayo de 2025 a las 09:10
El juego: un derecho vital
En un mundo cada vez más acelerado, donde la presión por la productividad se extiende incluso a las edades más tempranas, el juego se erige como un bastión de libertad y creatividad, un espacio esencial para el desarrollo pleno de todo ser humano, especialmente durante la infancia y la adolescencia. Este derecho fundamental, reconocido por el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, lamentablemente no es una realidad para millones de niños en nuestro país.
Diversas circunstancias impiden que muchos niños y adolescentes accedan a espacios y actividades lúdicas. Un estudio realizado por la Fundación LEGO revela una preocupante realidad: el 78% de los niños perciben que los adultos no valoran la importancia del juego. Esta falta de reconocimiento por parte de los adultos minimiza una actividad crucial para el desarrollo integral de los menores. No se trata simplemente de "diversión", sino de una herramienta fundamental para el aprendizaje, la socialización y el crecimiento emocional.
Más allá de la percepción adulta, existen contextos socioeconómicos que obligan a muchos niños a renunciar a su infancia y asumir responsabilidades adultas de forma prematura. La Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022 muestra una cruda realidad: más de tres millones de niños trabajan, ya sea en las calles, en actividades peligrosas o asumiendo obligaciones domésticas que les roban el tiempo para jugar. Estos niños se ven forzados a madurar antes de tiempo, sacrificando una etapa crucial para su desarrollo en aras de la supervivencia.
A esta problemática se suman otros factores que vulneran el derecho al juego: la falta de tiempo en familia, la inseguridad en el entorno y el uso excesivo de pantallas. Estos elementos contribuyen a la creación de un ambiente hostil para la infancia, limitando las oportunidades de juego y, en consecuencia, afectando su desarrollo. La tecnología, si bien puede ser una herramienta educativa, también se convierte en un obstáculo cuando reemplaza la interacción social y la exploración del mundo real a través del juego.
El juego no es un simple pasatiempo, sino una poderosa herramienta para el desarrollo integral. A través del juego, los niños aprenden a trabajar en equipo, a resolver conflictos, a afrontar la frustración y a desarrollar la empatía. El juego es, además, un espacio para la imaginación, donde los niños pueden explorar sus sueños y construir su identidad. Según UNICEF, el juego no solo fortalece habilidades motoras, cognitivas, sociales y emocionales, sino que también contribuye a reducir el estrés y a promover la salud mental.
Fundación Grupo Andrade reconoce la importancia del juego y, cada año, su equipo de voluntarios se moviliza para celebrar el Día de la Niña y el Niño con actividades recreativas que promueven la diversión y el fortalecimiento de los vínculos humanos. Este 2025, niños y adolescentes de diversas fundaciones, como Fundación Lilo, Aquí Nadie Se Rinde, Vida Independiente México, FUNFAI, Yolia Fundación Unnido, FAE, AMANC y Fundación PAS, disfrutaron de una jornada inolvidable llena de juegos, talleres, cuentacuentos y mucha alegría. Esta iniciativa, impulsada por el voluntariado de Grupo Andrade, demuestra el compromiso de la empresa con el bienestar de la infancia y la importancia de generar espacios para el juego y la recreación.
El testimonio de los voluntarios refleja el impacto positivo de estas acciones. Andrea Cano, analista de capacitación, destaca la importancia de que los niños, a pesar de los retos que enfrentan, puedan disfrutar de su infancia sin limitaciones. Patricia Estrada, del área de Transformación Global, enfatiza el papel fundamental de la niñez como pilar de la sociedad y la riqueza que aporta la convivencia con ellos.
Cada Día de la Niñez es un recordatorio de que el juego es resiliencia, cuidado y esperanza. Compartir con niños y adolescentes en situación de riesgo un día de alegría es una forma tangible de cambiar su percepción del mundo y de influir positivamente en sus vidas. Es una inversión en el futuro, un acto de esperanza que construye un mundo mejor.
Fuente: El Heraldo de México