20 de mayo de 2025 a las 09:40
Domina tu Imposible
La historia de los Piratas de Pittsburgh es un eco constante de lo que fue y ya no es. Un reflejo sepia de aquellos vibrantes años setenta, cuando el nombre de Roberto Clemente resonaba con fuerza dentro y fuera del diamante. Hoy, el PNC Park, una joya arquitectónica con vistas privilegiadas, se convierte en el mudo testigo de una franquicia atrapada en un ciclo perenne de reconstrucción fallida. La esperanza se enciende con cada nuevo intento, con cada veterano que llega cargado de promesas, pero la realidad, implacable, los devuelve a la cruda realidad de la derrota. Una base de fanáticos fiel, permanece estoica, aferrada a la nostalgia de un pasado glorioso, mientras observa con resignación cómo su equipo se hunde una y otra vez en las profundidades de la tabla de posiciones.
Este escenario, lamentablemente, no es exclusivo de los Piratas. Un vistazo a las Grandes Ligas revela una preocupante tendencia: un grupo considerable de franquicias, entre cuatro y diez cada año, parecen navegar a la deriva, sin rumbo fijo, condenadas a la irrelevancia. ¿Cómo es posible que en la supuesta mejor liga de béisbol del mundo, una tercera parte de los equipos se encuentren prácticamente eliminados de la contienda a tan solo dos o tres meses de haber comenzado la temporada? ¿Qué producto se le está ofreciendo al aficionado? Si bien, en ocasiones, estos equipos pueden dar la sorpresa y vencer a algún contendiente, su destino parece estar sellado desde el principio: convertirse en vendedores de talento, en viveros para las organizaciones más poderosas.
La figura del Comisionado, alineada con los intereses de los dueños, se presenta como un obstáculo para cualquier cambio significativo. No hay espacio para la crítica, para la exigencia, para la incomodidad de los poderosos. Mientras tanto, equipos como los Rockies de Colorado, y otros que comparten su desdicha, se limitan a jugar por inercia, sin aspiraciones reales, esperando que la temporada termine lo antes posible. No se nos puede engañar con el discurso de la competitividad. La realidad es evidente: estamos presenciando un espectáculo de errores y falta de nivel que resulta alarmante.
En medio de este panorama desolador, surge el caso de Paul Skenes, un joven lanzador con un futuro prometedor, que recientemente logró su primer juego completo en ocho entradas, paradójicamente, en una derrota ante los Phillies de Filadelfia. Mientras su novia, la estrella de las redes sociales Livvy Dunne, celebra su aparición en la portada de Sports Illustrated, Skenes se enfrenta a la posibilidad de convertirse en una pieza más del engranaje del mercado, en otro talento sacrificado en el altar de la rentabilidad.
¿Es esto lo que queremos de las Grandes Ligas? ¿Un sistema que perpetúa la desigualdad, donde los ricos se enriquecen a costa de los pobres, donde algunos equipos se convierten en meros laboratorios de talento para alimentar a los gigantes? La respuesta, sin duda, es no. Necesitamos un cambio, una reestructuración que garantice la verdadera competitividad, que brinde oportunidades a todas las franquicias, que devuelva la emoción y la esperanza a los aficionados. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir el béisbol, nuestro amado deporte, en un espectáculo predecible y carente de alma.
Fuente: El Heraldo de México