20 de mayo de 2025 a las 09:35
Descubre los verdaderos motivos de Maduro
La sombra de la inestabilidad económica y social se cierne una vez más sobre Venezuela, y el gobierno de Nicolás Maduro parece estar buscando una distracción, una válvula de escape que desvíe la atención de los problemas internos. La estrategia, tan antigua como peligrosa: agitar el fantasma de una amenaza externa. En este caso, el Esequibo, un territorio disputado con Guyana, se convierte en el peón de un juego geopolítico de alto riesgo.
Las elecciones convocadas para el 25 de mayo en este territorio en disputa, rico en recursos naturales pero con una población escasa, no pueden verse sino como una provocación calculada. Un intento de afirmar soberanía sobre una región que la Corte Internacional de Justicia está revisando, un acto de desafío que, en el mejor de los casos, generará tensiones diplomáticas, y en el peor, podría desencadenar un conflicto armado.
¿Qué busca Maduro con esta jugada arriesgada? La respuesta, como casi siempre en política, es compleja. Por un lado, la necesidad de un "triunfo patriótico" que una a la nación, aunque sea de forma artificial, ante un enemigo común. En un país golpeado por la crisis económica, la hiperinflación y la escasez, un destello de nacionalismo puede servir para cohesionar a las bases y desviar la atención de las dificultades cotidianas.
Por otro lado, la maniobra en el Esequibo podría ser una cortina de humo para ocultar problemas más profundos. Las fallas en los servicios públicos, la creciente inseguridad, la falta de acceso a alimentos y medicinas, son realidades que el gobierno no puede ignorar. Un conflicto externo, aunque sea latente, permite justificar medidas excepcionales, controlar la información y reprimir la disidencia en nombre de la seguridad nacional.
Sin embargo, este juego peligroso tiene sus límites. La comunidad internacional, especialmente los países vecinos, no ven con buenos ojos la escalada de tensiones. Brasil, Colombia, y las naciones caribeñas, podrían reaccionar de forma contundente ante cualquier agresión venezolana contra Guyana. El apoyo de Cuba y Nicaragua, si bien previsible, difícilmente compensaría el aislamiento regional e internacional que sufriría Venezuela en caso de un conflicto abierto. Incluso la posibilidad de una intervención de fuerzas brasileñas, o incluso británicas y estadounidenses, no es descartable en un escenario de escalada militar.
Maduro, un estratega de la supervivencia política, seguramente ha calculado los riesgos. Sabe que la posibilidad de un conflicto real es baja, pero también que la tensión generada por la disputa del Esequibo le da una carta para jugar en el tablero político interno. Una carta que puede utilizar para fortalecer su posición, desviar la atención de los problemas internos y presentarse como el defensor de la soberanía nacional. No obstante, la línea entre la estrategia y la imprudencia es delgada, y en un contexto tan volátil como el venezolano, cualquier error de cálculo puede tener consecuencias devastadoras.
Fuente: El Heraldo de México