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20 de mayo de 2025 a las 12:45

Descubre la empatía de Rosario Castellanos

La figura de Rosario Castellanos se agiganta con el paso del tiempo. No solo como una de las escritoras más importantes del siglo XX mexicano, sino también como una mujer comprometida con su tiempo, con una profunda sensibilidad social y una pluma afilada que diseccionaba la realidad con precisión quirúrgica. A través de los recuerdos de su hijo, Gabriel Guerra Castellanos, podemos vislumbrar no solo a la intelectual, sino también a la madre, a la mujer cálida y cercana que se escondía tras la fuerza de sus palabras.

Desde la infancia, Gabriel tuvo una conexión única con su madre a través de los libros. "Balún Canán" fue la puerta de entrada a un universo literario que le permitió comprender la dimensión intelectual de Rosario Castellanos. El simple hecho de ver el nombre de su madre en la portada de un libro le revelaba la singularidad de su progenitora, una distinción que trascendía las posesiones materiales. La muerte de Rosario Castellanos, cuando Gabriel tenía tan solo 12 años, fue un golpe devastador, pero también una revelación de la magnitud de su figura pública. El duelo por la pérdida de la madre se entrelazó con el reconocimiento del legado de la escritora, un legado que ha trascendido generaciones.

La cotidianidad en el hogar de los Castellanos estaba impregnada de un ambiente intelectual estimulante. Las conversaciones eran un espacio de intercambio de ideas, donde incluso los niños tenían voz. Rosario Castellanos cultivó en su hogar la misma apertura intelectual y rigor profesional que caracterizaban su obra. El tecleo incesante de la máquina de escribir se convertía en la banda sonora de la casa, un recordatorio constante de la disciplina y la pasión que Rosario Castellanos dedicaba a su escritura.

La exposición "Un cielo sin fronteras. Rosario Castellanos: archivo inédito" nos permite acercarnos a la intimidad de la escritora a través de objetos personales, documentos e imágenes que revelan facetas desconocidas para el gran público. Para Gabriel, la exposición es una oportunidad de reencontrarse con su madre desde una triple perspectiva: la del hijo, la del lector y la del analista. Esta mirada poliédrica nos permite comprender la complejidad de una figura que se resiste a las simplificaciones.

La empatía con los marginados, con los indígenas, con las mujeres, fue una constante en la obra de Rosario Castellanos. Su compromiso social no era una pose, sino una convicción profunda que se reflejaba tanto en su escritura como en su vida personal. Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender sus realidades, es lo que le otorgaba a su obra una fuerza y una vigencia que persisten hasta nuestros días.

La Rosario Castellanos madre, cálida y cercana, se revela en las anécdotas compartidas por su hijo. La relación entre madre e hijo se intensificó durante su estancia en Israel, un periodo marcado por la convivencia y las lecturas compartidas. La carta póstuma de Rosario Castellanos a su hijo, un testimonio conmovedor de amor maternal, nos permite vislumbrar la ternura que se escondía tras la coraza de la intelectual.

El legado de Rosario Castellanos sigue vivo. Sus palabras resuenan con fuerza en un mundo que aún enfrenta muchos de los problemas que ella denunció. Su voz se alza para recordarnos la importancia de la empatía, la justicia social y la lucha por un mundo más igualitario. ¿Qué pensaría Rosario Castellanos de la situación actual? Su hijo Gabriel cree que reconocería los avances, lamentaría los retrocesos y se sorprendería de las cosas que, lamentablemente, siguen igual. Su obra, un espejo de la realidad, nos invita a la reflexión y a la acción. La exposición "Un cielo sin fronteras" es una oportunidad única para acercarnos a la vida y obra de una mujer excepcional, una escritora que nos dejó un legado invaluable y cuyo pensamiento sigue iluminando nuestro presente.

Fuente: El Heraldo de México