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20 de mayo de 2025 a las 12:45
Descubre el poder de la palabra con Rosario Castellanos
Rosario Castellanos, un nombre que resuena con fuerza en el panorama literario hispanoamericano. Más allá de las merecidas celebraciones y homenajes, su legado trasciende las efemérides. Su voz, aguda y crítica, interpela al presente con una vigencia asombrosa, confrontándonos con problemáticas que, lamentablemente, persisten. No se trata solo de la exquisita sensibilidad de su poesía o la elocuencia de su narrativa, sino de la potencia de su pensamiento, de su mirada incisiva que diseccionó la realidad social, política y cultural de su tiempo, y que, por su lucidez, sigue resonando en el nuestro.
Si bien el título de "intelectual" no la acompañó en vida, el paso del tiempo ha consolidado su lugar en ese Parnaso que, a menudo, se ve teñido de egolatría y vanidad. Castellanos, ajena a esas superficialidades, se dedicó a la tarea, a veces ingrata, de pensar críticamente la realidad. El ensayo fue su herramienta predilecta, el espacio donde profundizó en sus preocupaciones fundamentales: la condición de la mujer y su papel en la cultura. Su tesis de maestría, "Sobre cultura femenina", no solo desmontó las falacias de autores como Moebius y Schopenhauer, sino que se atrevió a plantear cuestionamientos ontológicos sobre la cultura como vía de trascendencia, no exclusiva del hombre. Su aporte la ubica en la misma línea de pensadoras como Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Virginia Woolf y Simone de Beauvoir, mujeres que desafiaron los cánones de su época y abrieron caminos para las generaciones futuras.
Con erudición y agudeza, Castellanos puso en evidencia aquello que, por cotidiano, a menudo se invisibiliza. Las costumbres mexicanas, objeto de su análisis crítico, revelaron conductas habituales y maniqueas que aún hoy limitan la libertad de la mujer: las restricciones para desarrollar una vocación profesional, las exigencias del matrimonio y las demandas de la maternidad. Sobre esta última, Castellanos fue particularmente contundente: la maternidad no es un valor universal ni atemporal, no debe ser una imposición ni un atentado contra la autodeterminación de la mujer. Su enfoque, alejado de la beligerancia de algunos feminismos –cabe recordar que ella no se consideraba feminista–, apostó por una aproximación más lúcida a la problemática. Priorizó la resolución de las diferencias sociales entre mujeres antes que la igualdad de género, e instó a erradicar la individualidad irreductible que ha fragmentado y limitado al género femenino. Su autocrítica, rasgo fundamental de su intelectualidad, la llevó a cuestionar también los determinismos que han cercado la identidad femenina.
La búsqueda de la verdad fue una constante en su obra. En sus artículos periodísticos, manifestó una profunda preocupación por la legitimidad, condenando la demagogia y la "ceguera del patrioterismo" que disfrazaba la cobardía con un manto de razón. Esta postura, aunque le granjeó reconocimiento, también le atrajo detractores. La ironía, su sello distintivo, y el diálogo como herramienta fundamental, fueron sus armas para confrontar las injusticias.
Castellanos denunció la violencia en todas sus manifestaciones, desde la sutil, administrada en pequeñas dosis para silenciar a las mujeres, hasta la brutal, que mutila la protesta y la inconformidad, como la que ha sufrido y sufre la población indígena.
Su versatilidad literaria la distinguió de sus contemporáneos. En todos los géneros, poesía, narrativa, ensayo, se propuso evidenciar lo habitual y denunciar lo arbitrario. Para la poeta, la palabra era la significación primera de la realidad; para la narradora, el mecanismo de la memoria. Y para la intelectual, la palabra era sinónimo de verdad, la verdad que da vida a la justicia.
Hoy, más que nunca, es esencial reconocer en Rosario Castellanos un referente en la lucha por la verdad, una verdad que se construye a través de la libertad de expresión, la confrontación de los atavismos y el ejercicio de la inteligencia. Su legado nos invita a la reflexión, al cuestionamiento constante y a la defensa de los derechos fundamentales. Su voz, a pesar del tiempo transcurrido, sigue resonando con fuerza, recordándonos la importancia de la palabra como herramienta de transformación social.
Por: Omar Armando Alonso
EEZ
Fuente: El Heraldo de México