20 de mayo de 2025 a las 06:50
Acamoto 2025: ¿Colapsará Acapulco?
Acapulco, una ciudad que respira turismo, se vio opacada por la sombra de la desidia durante el reciente festival Acamoto 2025. Mientras miles de motociclistas rugían por sus calles, un clamor silencioso se elevaba desde el corazón del puerto: la ausencia de la autoridad municipal. La alcaldesa Abelina López y su administración se convirtieron en espectadores silenciosos de un caos previsible, dejando a los propios trabajadores de hoteles y restaurantes la hercúlea tarea de rescatar la imagen del destino.
Imaginen la escena: empleados, con escobas y recogedores en mano, luchando contra una marea de basura que inundaba las calles. No eran sus funciones, pero ante la inoperancia del ayuntamiento, tomaron las riendas de la situación. Su compromiso con Acapulco, su deseo de proteger la fuente de su sustento, los empujó a limpiar los vestigios de una fiesta que, sin la debida organización, se transformó en un problema.
Los testimonios recogidos pintan un cuadro desolador: incidentes de violencia que salpicaban la alegría del evento, accidentes viales que elevaban la tensión, incluso la sombra de la muerte se cernió sobre la fiesta, sin que la autoridad local respondiera al llamado de auxilio. El rugir de los motores se mezcló con el clamor de una ciudadanía abandonada a su suerte.
Acamoto 2025, un evento que prometía ser un imán para el turismo, se convirtió en un escaparate de la desorganización. Si bien el Ayuntamiento no convocó oficialmente el festival, su magnitud era previsible. La afluencia masiva de motociclistas, un fenómeno recurrente, exigía una planificación estratégica, protocolos de prevención y un despliegue de seguridad acorde a las circunstancias. Nada de eso ocurrió.
La falta de filtros de seguridad permitió un flujo descontrolado de asistentes. El consumo de alcohol en la vía pública, sin la debida regulación, se convirtió en un polvorín. Las calles, convertidas en un improvisado circuito de carreras, fueron escenario de accidentes que pudieron evitarse. Y la basura, testigo mudo de la fiesta, se acumuló en montañas, un monumento a la indolencia del municipio.
¿Qué falló? La respuesta es compleja, pero un factor se impone: la falta de previsión y la ausencia de una estrategia integral por parte de la administración de Abelina López. Acapulco, un destino turístico de renombre internacional, no puede permitirse este tipo de desatinos. La imagen del puerto se ve empañada, la confianza de los visitantes se erosiona, y la economía local, que depende en gran medida del turismo, sufre las consecuencias.
Es hora de que las autoridades asuman su responsabilidad. Acapulco merece una gestión que esté a la altura de su potencial. Se necesita una visión estratégica que priorice la seguridad, la limpieza y el orden, elementos esenciales para garantizar el bienestar de sus habitantes y el éxito de su industria turística. La lección de Acamoto 2025 debe ser aprendida. No podemos permitir que la desidia vuelva a eclipsar la belleza y la alegría de nuestro puerto.
Fuente: El Heraldo de México