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19 de mayo de 2025 a las 21:30

Descubre la melodía oculta de Bostik: su historia y éxitos.

El rugido subterráneo que sacudía los cimientos de la escena musical mexicana en los 80 no provenía solo de los escenarios brillantes y las sonrisas prefabricadas de las estrellas pop. Mientras Timbiriche y Flans llenaban estadios, en las entrañas de la ciudad, en bodegas olvidadas y barrios marginales, se gestaba una revolución sonora: el rock urbano. Lejos de los reflectores y las disqueras omnipotentes, bandas como Bostik, armadas con guitarras desafinadas y letras cargadas de realidad, construían su propio imperio, nota a nota, acorde a acorde.

No eran los príncipes del pop, no aspiraban a la perfección pulida de los estudios de grabación. Su música era cruda, visceral, un reflejo directo de las calles que los vieron nacer. Grabaciones deficientes, sí, pero rebosantes de una autenticidad que resonaba con la juventud desilusionada, con aquellos que no se veían reflejados en el brillo artificial de la música comercial. Eran la voz de los sin voz, el grito de una generación que buscaba su lugar en un mundo que parecía no tener espacio para ellos.

Imaginen la escena: una bodega de impermeabilizantes en Tlalnepantla, el olor penetrante del asfalto, las paredes manchadas de humedad. Ahí, entre cubos y brochas, cuatro jóvenes –David Lerma "El Guadaña", Eduardo Cruz Martínez "Lalo Blues", Fernando Mendoza "El Fer" y Carlos Godínez "Charlie Bostik"– encontraban su santuario. Un espacio donde dar rienda suelta a su frustración, a sus sueños, a su rabia. Y el nombre, casi una premonición, surgió de las paredes que los contenían: Bostik, The Adhesive Company. Un adhesivo sonoro que uniría a miles a través de la música.

El año 1987 marcó un hito. "Abran esa puerta", su primer álbum, irrumpió en la escena como un puñetazo en la mesa. "Viajero" y "Tlatelolco 68", dos himnos instantáneos, capturaron la esencia de una época. La historia del migrante indocumentado, la herida abierta del 2 de octubre, temas que resonaban con la realidad de un país en plena transformación. No necesitaban la aprobación de la radio ni la televisión, su música se propagaba de boca en boca, de cassette en cassette, convirtiéndose en la banda sonora de una generación.

"Rock de la banda para la banda", su segundo disco, llegó un año después, consolidando su posición como una de las fuerzas más importantes del rock urbano. Y luego, en un giro inesperado, el penal de Barrientos se convirtió en el escenario de su siguiente grabación: "Capturados". Un disco que, más allá de las circunstancias, demostraba la inquebrantable pasión de la banda por su música.

La historia de Bostik es la historia del rock urbano en México. Una historia de perseverancia, de resistencia, de una lucha constante por hacerse escuchar. Es la historia de una música que nació en las calles, lejos de los reflectores, y que conquistó los corazones de miles con su honestidad brutal. Una música que aún hoy, décadas después, sigue resonando con la misma fuerza. ¿Y tú, ya escuchaste el rugido de Bostik?

Fuente: El Heraldo de México