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19 de mayo de 2025 a las 09:45

Descolonizando el Sur: Una Lucha Global

La sombra del colonialismo se alarga sobre nuestro presente, tejiendo una red de explotación que se disfraza con el lenguaje de la globalización. Ya no ondean banderas imperiales sobre territorios conquistados, pero la lógica de la dominación persiste, mutando y adaptándose a los tiempos. La acumulación de riqueza, ese motor implacable, sigue alimentándose de la desigualdad y la fragilidad de los pueblos. Como un eco resonando a través del tiempo, las palabras de Frantz Fanon adquieren una vigencia estremecedora. Su llamado a la subversión, a la toma de conciencia colectiva, nos interpela desde las páginas de "Los condenados de la tierra". Observamos con horror el exterminio en Gaza, un ejemplo brutal de la nueva cara del colonialismo, bendecido por las supuestas democracias occidentales. ¿Acaso no es esta la más cruda expresión de un sistema que se perpetúa a través de la violencia y la opresión?

El legado de Fanon, inspirador de figuras como el Che Guevara, Patrice Lumumba y Nelson Mandela, sigue iluminando el camino de la lucha por la liberación. Su pensamiento, profundamente arraigado en la experiencia de la opresión, nos invita a desmantelar las estructuras de poder que perpetúan la injusticia. El racismo, la xenofobia, el genocidio, son las manifestaciones más extremas de un sistema que se nutre de la desigualdad. Los “acuerdos sobre tierras raras”, el comercio de armas, los tratados leoninos, la deuda externa, los préstamos del FMI, las bases militares, las ONGs que actúan como fachada, las empresas transnacionales que depredan recursos naturales y humanos: todas estas son las herramientas del nuevo colonialismo.

Bajo el manto de la “libertad de mercado” y los “derechos humanos”, se impone un orden dictatorial donde las decisiones soberanas de los pueblos son pisoteadas por las directrices del FMI, las sanciones arbitrarias y las presiones diplomáticas. Latinoamérica, convertida en el patio trasero de las potencias, solo puede aspirar a una democracia condicional, subordinada a los intereses de Washington y Bruselas. Cualquier intento de autodeterminación es rápidamente sofocado mediante el lawfare o crisis provocadas. El litio, el gas, el petróleo… se convierten en “razones estratégicas” para justificar la tutela disfrazada de cooperación.

En Medio Oriente, la geopolítica energética sirve como pretexto para la guerra, la destrucción masiva y la imposición de gobiernos títeres. Países enteros son pulverizados para mantener la hegemonía del dólar y el control del petróleo. Las potencias no exportan democracia, exportan caos y compran sumisión con reconstrucciones condicionadas. África, sometida a una nueva forma de colonización digital y extractiva, ve cómo se saquean sus recursos: cobalto, coltán, tierras fértiles. Mientras se predica sobre desarrollo sostenible, se fomenta la fuga de cerebros, se siembran conflictos y se silencia cualquier liderazgo que ose desafiar el orden establecido.

Todo esto ocurre bajo la falsa bandera del “orden global”, cuando en realidad se trata de una geopolítica tiránica donde el derecho internacional se aplica de forma selectiva. Occidente se ha autoproclamado policía, juez y verdugo de un mundo que no eligió este sistema.

Ante este panorama desolador, surgen preguntas cruciales: ¿Cómo construir soberanía en un mundo interconectado? ¿Cómo enfrentar al FMI sin caer en el aislamiento económico? ¿Cómo regular a las transnacionales sin sucumbir a los autoritarismos? El camino hacia la liberación requiere un análisis profundo de las nuevas formas de dominación y la construcción de estrategias colectivas que permitan a los pueblos recuperar el control de sus destinos. La lucha por un futuro digno exige la subversión del orden existente y la construcción de un mundo donde la justicia y la igualdad sean la base de la convivencia.

Fuente: El Heraldo de México