19 de mayo de 2025 a las 00:00
Descubre el hospital de Cortés que sigue sanando en la CDMX
Adéntrate en un viaje a través del tiempo, un recorrido que nos lleva al corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, a la confluencia de las calles 20 de Noviembre y República del Salvador. Allí se alza, imponente y lleno de historia, el Hospital de Jesús Nazareno, testigo silente de la transformación de la capital mexicana desde 1524. Imaginen, un hospital fundado por el mismísimo Hernán Cortés, cuyas paredes han presenciado siglos de historia, y que a día de hoy sigue latiendo, ofreciendo consuelo y atención médica a los habitantes de esta vibrante urbe.
La ubicación del hospital no es casualidad. A escasos metros, en el cruce de República del Salvador y José María Pino Suárez, la tradición ubica el primer encuentro entre Cortés y el emperador Moctezuma Xocoyotzin en 1519. Un encuentro que marcó un punto de inflexión en la historia de México, y que quizás inspiró al conquistador a erigir este centro de sanación en un lugar tan simbólico.
Originalmente conocido como Hospital de la Purísima Concepción, y popularmente llamado Hospital del Marqués, en honor al título nobiliario de Cortés, este nosocomio experimentó una transformación singular. La leyenda cuenta que, en un sorteo entre hospitales, la fortuna le sonrió al recibir una imagen del Cristo Crucificado, reputada por sus milagros, donada por Juan Manuel de Solórzano. Este acontecimiento marcaría su destino, renombrándolo Hospital de la Iglesia de Jesús de Nazareno en 1665, nombre que con el tiempo se simplificaría al cariñoso "Hospital de Jesús".
Pero la historia de este hospital se entrelaza con la del propio Cortés. Tras su fallecimiento en 1547, sus restos iniciaron un periplo póstumo. Primero en España, luego en Texcoco, junto a su madre y una hija. Finalmente, en 1794, por orden del virrey Revillagigedo, fueron trasladados al altar mayor del Hospital de Jesús Nazareno, cumpliendo así el deseo del conquistador.
Sin embargo, el destino aún tenía reservadas sorpresas para los restos de Cortés. El fervor independentista de 1823 amenazaba con profanar su tumba. Lucas Alamán, en un acto de audacia y secretismo, ocultó la urna bajo la tarima del altar mayor. Años más tarde, en 1836, la volvería a esconder, esta vez en un muro cercano. Alamán confió el secreto de la ubicación a la embajada española, donde permaneció resguardado por más de un siglo.
No sería hasta 1946, gracias a la perseverancia de un grupo de intelectuales e historiadores, que la urna con los restos de Cortés vería la luz nuevamente. Finalmente, en 1947, fueron reinhumados en su última morada, en el mismo lugar donde Alamán los había ocultado. Una placa de bronce, con el escudo de armas del conquistador, marca el lugar donde descansa, a pocos metros de donde su encuentro con Moctezuma cambió el curso de la historia. El Hospital de Jesús Nazareno, más que un hospital, es un santuario histórico, un lugar donde las piedras susurran los ecos del pasado y nos invitan a reflexionar sobre el complejo devenir de México.
Fuente: El Heraldo de México