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18 de mayo de 2025 a las 22:25

Descifrando el calor: ¿Cuánto tiempo dura realmente?

El calor implacable nos ha mantenido en vilo estos últimos días. Despertares nocturnos empapados en sudor, el ventilador trabajando a toda marcha y la sensación persistente de bochorno se han convertido en la nueva normalidad. Esta ola de calor, que según los expertos de la UNAM debería ceder este domingo, nos ha recordado la vulnerabilidad que sentimos ante los embates del clima, especialmente en la Ciudad de México, acostumbrada a temperaturas más benignas.

Pero, ¿qué es exactamente una ola de calor y por qué parece extenderse cada vez más? Tradicionalmente, asociábamos este fenómeno a periodos cortos, de tres a cinco días de intenso calor. Sin embargo, la realidad climática actual nos presenta un escenario diferente. El Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM nos alerta sobre una prolongación de estos eventos, alcanzando incluso los 10 a 15 días. De hecho, cuando la duración se extiende tanto, la denominación misma del fenómeno cambia, convirtiéndose en un evento extremo.

Imaginen una inmensa cúpula de alta presión atmosférica asentándose sobre una región. Esta “tapa” invisible impide la formación de nubes, dejando el paso libre a la radiación solar que incide con toda su fuerza sobre la superficie. El resultado: un aumento drástico de la temperatura que persiste durante días, incluso semanas. Si bien periodos de tres a cinco días de calor intenso podrían considerarse dentro de los parámetros normales, la extensión más allá de ese límite enciende las alarmas. Cuando hablamos de 15 a 20 días de calor extremo, nos enfrentamos a una situación que exige nuestra máxima atención y preparación.

El cambio climático, ese fantasma que acecha nuestro presente, juega un papel crucial en este escenario. El calentamiento global ha alterado el delicado equilibrio térmico del planeta, reduciendo la diferencia de temperaturas entre los trópicos y los polos. Esta alteración, a su vez, impacta los patrones de circulación atmosférica, favoreciendo la formación de sistemas de alta presión en zonas inusuales, precisamente el escenario propicio para las olas de calor.

Y si a esto le sumamos el fenómeno de la “isla de calor”, característico de las grandes urbes como la Ciudad de México, el panorama se complica aún más. El cemento y el asfalto, materiales predominantes en el paisaje urbano, absorben y retienen el calor con mayor intensidad que las áreas rurales o agrícolas. Imaginen la ciudad como un gigantesco horno que acumula el calor del sol, liberándolo lentamente durante la noche, impidiendo el descenso de las temperaturas y prolongando la sensación de bochorno.

Ante esta realidad, la prevención se convierte en nuestra mejor aliada. Mantenernos hidratados, evitar la exposición solar en las horas pico, utilizar ropa ligera y de colores claros, y buscar refugio en lugares frescos son medidas esenciales para proteger nuestra salud durante estos periodos de calor extremo. Informarnos sobre las alertas meteorológicas y las recomendaciones de las autoridades también es crucial para tomar decisiones acertadas y minimizar los riesgos.

La ola de calor que nos azota es un llamado de atención. Nos recuerda la urgencia de abordar el cambio climático con seriedad y compromiso, adoptando medidas que mitiguen sus efectos y nos permitan adaptarnos a una realidad climática cada vez más compleja. El futuro de nuestro planeta, y nuestra propia salud, dependen de ello.

Fuente: El Heraldo de México