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17 de mayo de 2025 a las 23:30

Terror en fiesta: Ataúd y 800 jóvenes

La oscuridad de la noche del viernes 16 de mayo ocultaba una escena perturbadora en la colonia Guerrero de la Ciudad de México. Tras la fachada de una aparente celebración, una fiesta clandestina multitudinaria se convertía en un escenario de riesgo e irresponsabilidad. Cientos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad, se aglomeraban en un inmueble sin las mínimas medidas de seguridad, consumiendo alcohol sin control. La música atronadora y las luces estroboscópicas enmascaraban el peligro latente, un peligro que pronto se materializaría en la intoxicación de al menos cuatro asistentes, quienes tuvieron que ser trasladados de urgencia a un hospital.

La intervención de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y los paramédicos del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) fue crucial para evitar una tragedia mayor. El desalojo del lugar reveló un escenario aún más escalofriante: un ataúd utilizado como hielera, una imagen macabra que simboliza la irresponsabilidad de los organizadores y la vulnerabilidad de los jóvenes presentes. Extintores caducos desde 1999, una amenaza silenciosa en caso de un posible incendio, y la ausencia de rutas de evacuación completaban el cuadro de una negligencia criminal.

Más de 800 jóvenes, la mayoría menores de edad, se encontraban hacinados en un espacio sin las mínimas garantías de seguridad. La alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, calificó la situación como "aterradora", una descripción que no hace sino reflejar la gravedad de los hechos. La fiesta clandestina no era un simple evento social, sino una bomba de tiempo a punto de estallar. La oportuna intervención de las autoridades evitó lo que pudo haber sido una tragedia de magnitudes incalculables.

La detención del propietario del inmueble, un hombre de 51 años, abre un proceso judicial que deberá esclarecer las responsabilidades y aplicar las sanciones correspondientes. Sin embargo, más allá de las consecuencias legales, este incidente nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la supervisión y control de este tipo de eventos, así como sobre la importancia de educar a los jóvenes sobre los riesgos del consumo excesivo de alcohol y la necesidad de tomar decisiones responsables.

La fiesta clandestina en la colonia Guerrero no es un caso aislado. Es un síntoma de una problemática social que requiere la atención y el compromiso de todos. Padres, educadores, autoridades y la sociedad en su conjunto debemos trabajar unidos para prevenir que situaciones como esta se repitan. La vida de nuestros jóvenes está en juego. No podemos permitir que la diversión se convierta en una trampa mortal. El ataúd utilizado como hielera es un símbolo que debe recordarnos la fragilidad de la vida y la importancia de actuar con responsabilidad.

Fuente: El Heraldo de México