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17 de mayo de 2025 a las 05:55

Agua contaminada en Benito Juárez: confirman presencia de diésel

La sombra del diésel se cierne sobre la memoria del agua. Más de un año después de que el inquietante olor a hidrocarburo invadiera los hogares y la incertidumbre se filtrara en cada vaso de agua en las colonias Nonoalco y Noche Buena de la Alcaldía Benito Juárez, la verdad, oscura y densa como el propio contaminante, finalmente sale a la luz. El Pozo Alfonso XIII, silenciado desde abril de 2024 por la Guardia Nacional, fue víctima de un derrame de diésel, un fantasma del pasado que se estima tiene más de tres décadas de antigüedad.

La confirmación oficial, a cargo de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC), pone fin a meses de especulaciones, evasivas y un silencio oficial que sólo alimentaba la angustia de los más de 20 mil afectados. Recordemos que, en su momento, el Gobierno de la Ciudad se limitó a describir la sustancia como “de la familia de los aceites y lubricantes”, una definición vaga que contrastaba con la contundencia del olor a combustible que impregnaba el aire y el agua. Aún más inquietante fue la decisión de reservar por tres años los resultados de los análisis, una medida que generó suspicacias y alimentó la desconfianza ciudadana.

Myriam Urzúa, titular de la SGIRPC, ha revelado detalles cruciales sobre el contaminante: un diésel degradado, con alta concentración de azufre y carbono, un vestigio de un pasado industrial menos regulado. La hipótesis que se maneja apunta a antiguas bodegas en las cercanías del pozo, lugares donde el tiempo y el olvido podrían haber conspirado para liberar este fantasma del pasado. La imagen de estas bodegas, silenciosas guardianas de un peligro latente, se suma al desconcierto y a la necesidad de respuestas.

Si bien la Alcaldía Benito Juárez había señalado desde el principio la presencia de diésel, la confirmación oficial llega tarde, demasiado tarde para quienes durante semanas tuvieron que lidiar con la incertidumbre y las consecuencias de un agua contaminada. La imagen de una pipa de Pemex acudiendo regularmente al pozo para las labores de limpieza se convierte en un símbolo de la lenta y costosa reparación del daño.

Afortunadamente, el acuífero profundo se ha salvado de la contaminación. El derrame se contuvo a 110 metros de profundidad, una barrera que protegió el manto freático de un desastre mayor. Sin embargo, esta noticia, aunque alentadora, no borra el recuerdo de la angustia vivida, ni la necesidad de una investigación exhaustiva que determine el origen preciso del derrame y las responsabilidades correspondientes.

La clausura definitiva del Pozo Alfonso XIII es una decisión inevitable, pero también una señal de alarma. ¿Cuántos otros fantasmas del pasado acechan bajo nuestros pies? ¿Qué medidas se están tomando para prevenir futuros incidentes? La Secretaría de Gestión Integral del Agua continúa monitoreando los pozos de la zona, una tarea crucial para garantizar la seguridad del suministro de agua y la tranquilidad de los ciudadanos. Pero más allá del monitoreo, es imperativo exigir transparencia y rendición de cuentas. El derecho al agua limpia y segura no es negociable.

Este episodio nos recuerda la fragilidad de nuestro entorno y la importancia de una gestión responsable de los recursos. La sombra del diésel en el agua de Benito Juárez es una lección que no debemos olvidar. Es un llamado a la vigilancia ciudadana, a la exigencia de información y a la construcción de un futuro donde el progreso no se construya sobre los fantasmas del pasado.

Fuente: El Heraldo de México