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16 de mayo de 2025 a las 04:45

Maestros de BC exigen justicia en Tijuana

La indignación retumba en las calles de Baja California. No hay festejos, no hay celebraciones. El Día del Maestro, tradicionalmente un día de reconocimiento y alegría, se ha transformado en un clamor de justicia. Cientos de docentes han cambiado los aplausos por pancartas, los regalos por consignas, en una manifestación contundente que refleja años de lucha y demandas desatendidas. No se trata de una protesta aislada, sino de un grito que resuena a nivel nacional, un llamado urgente a la reestructuración social y a la dignificación de la labor magisterial.

Erick Díaz, secretario general de la delegación D140 y miembro del Comité Democrático de la CNTE en Baja California, ha sido la voz de la determinación. No hay plazos, no hay fechas límite. El paro de labores continuará, las calles seguirán siendo el escenario de la protesta, hoy, mañana, y hasta que se escuchen sus demandas. La lucha no se limita a las fronteras de Baja California. Un contingente de maestros se dirige a la Ciudad de México, epicentro del movimiento nacional, para unir fuerzas, para amplificar el mensaje, para ejercer una presión ineludible. La unidad es la clave, la fuerza que impulsa la esperanza de un cambio real.

La abrogación de la ley ISSSTE y la desaparición de la USICAMM, el controvertido organismo que regula la asignación de plazas, son las puntas de lanza de este movimiento. No son simples peticiones, son exigencias fundamentales para un sistema educativo justo y equitativo. A estas demandas se suma una deuda pendiente que pesa sobre la conciencia del sistema: 120 maestros interinos siguen esperando sus pagos, un recordatorio constante de la precariedad y la falta de respeto que enfrentan. ¿Cómo se puede hablar de calidad educativa cuando quienes la imparten son tratados con tanta indiferencia?

La marcha desde el monumento en la Plaza del Maestro hasta la Glorieta Cuauhtémoc en la Zona Río de Tijuana, se convirtió en un río humano de indignación y esperanza. No fueron meros espectadores, sino actores de su propio destino. En la asamblea informativa que siguió a la marcha, las voces se unieron, las estrategias se definieron, la solidaridad se fortaleció. Ochocientos maestros de siete delegaciones diferentes y representantes de ocho escuelas del estado, una muestra representativa del hartazgo generalizado, del compromiso inquebrantable con la causa.

Este no es solo un paro laboral, es un paro por la dignidad, por la educación, por el futuro. Es un llamado a la sociedad, a las autoridades, a la conciencia colectiva. Es el momento de escuchar, de dialogar, de construir un futuro donde la educación sea la verdadera prioridad. El silencio ya no es una opción. La lucha continúa.

Fuente: El Heraldo de México