16 de mayo de 2025 a las 09:20
Llega nuevo embajador estadounidense
La llegada de Ron Johnson a la embajada estadounidense en México ha desatado un torbellino de especulaciones y análisis, encendiendo un debate sobre las posibles implicaciones de su nombramiento. Su perfil, marcado por una trayectoria en el ámbito militar, la CIA y su paso por El Salvador, contrasta fuertemente con la figura de su predecesor, Ken Salazar, percibido como una figura más afín a la idiosincrasia mexicana. Esta diferencia no es meramente anecdótica, sino que refleja un cambio de enfoque en la política exterior estadounidense, pasando de una visión globalista y liberal a una postura más nacionalista, encarnada por la administración Trump y su lema "Make America Great Again".
Mientras Salazar apostaba por la diplomacia y la cercanía con el gobierno mexicano, llegando incluso a ser criticado por sectores estadounidenses por su supuesta "mexicanización", Johnson se presenta como una incógnita. Su historial, sin embargo, lo perfila como un "halcón", un partidario de las soluciones de fuerza, lo que genera inquietud sobre la posibilidad de un aumento de la presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Muchos analistas señalan las "espadas de Damocles" que penden sobre el gobierno mexicano, vulnerabilidades que Sheinbaum deberá sortear con habilidad. Sin embargo, es importante destacar que estas vulnerabilidades no son exclusivamente producto de la política exterior estadounidense, sino también resultado de las acciones y omisiones de anteriores gobiernos mexicanos. La compleja situación interna, marcada por un intenso debate político entre facciones caciquiles, militantes ideologizados y figuras pragmáticas, debilita la posición de México frente a las presiones externas, especialmente las de índole económica y comercial que la administración Trump podría ejercer.
En este contexto, Johnson podría convertirse en el instrumento de estas presiones, asumiendo el rol de "policía malo" mientras Chris Landau, Secretario de Estado adjunto, juega el papel de interlocutor conciliador, el "policía bueno". Esta dinámica recuerda a la llegada de John D. Negroponte a Honduras en 1991, considerado por la izquierda latinoamericana como un "halcón" que convirtió al país en una base de operaciones de la CIA. A pesar de las críticas iniciales, Negroponte terminó su misión con una imagen de diplomático eficaz. ¿Se repetirá la historia con Johnson? Sólo el tiempo lo dirá.
La incertidumbre que rodea la figura de Johnson abre un abanico de interrogantes. ¿Buscará la confrontación o la colaboración? ¿Privilegiará la presión o el diálogo? ¿Se centrará en la agenda bilateral o se convertirá en un actor clave en la estrategia regional de Estados Unidos? El futuro de la relación México-Estados Unidos dependerá, en gran medida, de las decisiones que tome el nuevo embajador y de la respuesta del gobierno mexicano ante los desafíos que se avecinan. Es crucial que México mantenga una postura firme en defensa de su soberanía, al tiempo que busca espacios de cooperación en temas de interés mutuo, como la migración, el comercio y la seguridad. La diplomacia y la negociación serán claves para navegar en estas aguas turbulentas y construir una relación bilateral más estable y productiva.
Fuente: El Heraldo de México