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16 de mayo de 2025 a las 09:20

Francisco: El Papa de las puertas abiertas

La resonancia del mensaje de Francisco aún palpita en nuestros corazones. Su pontificado, un faro de esperanza para tantas personas relegadas a las sombras de la incomprensión y el prejuicio, ha dejado una huella imborrable en la historia de la Iglesia y del mundo. Para quienes, como yo, formamos parte de la comunidad trans, sus palabras han sido un bálsamo, un reconocimiento a nuestra dignidad inherente como seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios.

Recuerdo la angustia de sentirme dividida, desgarrada entre mi fe y mi identidad. La carga del silencio, la losa de la condena tácita, pesaban sobre mí. La Iglesia, que debía ser un refugio, se presentaba a menudo como un tribunal implacable. Pero Francisco, con su sencillez revolucionaria, derribó esos muros de intolerancia, abriendo un camino de diálogo y reconciliación. Su mirada, libre de prejuicios, nos devolvió la esperanza, la certeza de que también nosotras, las personas trans, tenemos un lugar en la casa del Padre.

No se trata de idealizar su figura. Los desafíos persisten, las resistencias aún se alzan dentro y fuera de la Iglesia. El camino hacia la plena inclusión es largo y arduo. Pero la semilla que Francisco plantó, la semilla del amor incondicional, ya está germinando. Su legado nos impulsa a continuar la lucha, a exigir una Iglesia que abrace la diversidad, que celebre la riqueza de la creación divina en todas sus manifestaciones.

En este Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, su voz resuena con fuerza. Su ejemplo nos anima a construir un mundo donde la fe no sea un instrumento de exclusión, sino un puente de encuentro, un espacio de acogida para todas y todos. Un mundo donde la identidad y la espiritualidad no sean polos opuestos, sino dimensiones complementarias de la experiencia humana.

El Papa Francisco no se limitó a pronunciar discursos. Vivió su mensaje. Su testimonio de humildad, compasión y justicia nos invita a seguir sus pasos, a construir una sociedad donde el amor sea la norma, no la excepción. Una sociedad donde cada persona, sin importar su orientación sexual o identidad de género, pueda vivir con dignidad, respeto y plenitud.

Su legado trasciende las fronteras de la Iglesia. Es un llamado universal a la fraternidad, a la construcción de un mundo más justo y compasivo. Un mundo donde la diversidad sea vista como una fuente de riqueza, no como una amenaza.

Gracias, Francisco, por recordarnos que la verdadera santidad reside en el amor al prójimo, en la defensa de los más vulnerables, en la lucha incansable por un mundo donde todas las personas podamos vivir en paz y armonía. Tu legado seguirá iluminando nuestro camino.

Fuente: El Heraldo de México