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16 de mayo de 2025 a las 04:55

Abraza la Fe: Acoge con Francisco

El legado del Papa Francisco, un hombre que eligió llamarse como el santo de la pobreza y la humildad, resuena con fuerza en un mundo sediento de compasión. Su visión de una Iglesia como "hospital de campaña" no es una simple metáfora, sino un llamado a la acción, una invitación a convertirnos en bálsamo para las heridas de un mundo fragmentado. No se trata solo de abrir las puertas de nuestros templos, sino de abrir nuestros corazones a la realidad del otro, al migrante que busca refugio, al enfermo que anhela consuelo, al marginado que clama por justicia.

En un mundo obsesionado con la construcción de muros, tanto físicos como ideológicos, Francisco nos recuerda que la verdadera fortaleza reside en la capacidad de tender puentes, de derribar barreras y de reconocer la dignidad inherente a cada ser humano. Su mensaje, profundamente arraigado en el Evangelio, nos interpela a mirar al otro no como una amenaza, sino como un hermano, como un reflejo de la imagen divina. ¿Acaso no fue el mismo Abraham quien, al acoger a tres desconocidos, se encontró cara a cara con la divinidad? Esta historia, presente en el Génesis, nos recuerda que la hospitalidad es mucho más que un acto de cortesía; es un encuentro con lo sagrado, una oportunidad para experimentar la presencia de Dios en el rostro del otro.

El Papa Francisco no se limitó a predicar la hospitalidad; la encarnó en cada gesto, en cada palabra, en cada encuentro. Desde su primera salida pastoral, marcó un estilo diferente, cercano, humilde, un estilo que rompió con los protocolos y se acercó a las periferias existenciales. Visitó cárceles, abrazó a enfermos, lavó los pies de refugiados, mostrando con acciones concretas que la Iglesia no es un club de perfectos, sino una comunidad de pecadores en camino, una comunidad que acoge a todos sin distinción.

Su encíclica "Fratelli Tutti" es un manifiesto de fraternidad universal, un llamado a construir un mundo basado en la justicia, la paz y el cuidado de la creación. En ella, Francisco nos invita a superar la globalización de la indiferencia y a construir una "cultura del encuentro", donde el diálogo, la solidaridad y la cooperación sean los pilares de una nueva convivencia humana. Nos recuerda que el amor no puede ser una simple emoción, sino una fuerza transformadora que se traduce en acciones concretas, en políticas públicas que promuevan la inclusión y la equidad.

El Papa Francisco, inspirado por San Francisco de Asís, nos ha devuelto la imagen de una Iglesia tierna, compasiva, cercana a los que sufren. En tiempos de polarización y de discursos de odio, su voz se alza como un faro de esperanza, recordándonos que la verdadera fe se manifiesta en el amor al prójimo, en la capacidad de acoger al diferente, de tender la mano al que ha caído.

Su legado no se limita a la esfera religiosa; trasciende las fronteras de la fe y se convierte en un llamado a la humanidad entera. Nos invita a construir un mundo donde la hospitalidad no sea una excepción, sino la norma; un mundo donde la dignidad de cada persona sea respetada y donde todos, sin importar su origen, su condición social o sus creencias, tengan la oportunidad de vivir una vida plena y digna. El camino no es fácil, pero las palabras y el ejemplo del Papa Francisco nos iluminan la senda hacia una civilización de la acogida, un mundo donde la fraternidad universal sea una realidad tangible.

Fuente: El Heraldo de México